Esta obra, llena de fuerza, fue pintada por el abanderado del romanticismo francés, Théodore Géricault (1791-1824). Se la considera una afirmación de principios del movimiento, que propugnaba el realismo, la emoción y la pasión. El cuadro, además resulta interesante pues de él deviene un puente entre el clasicismo y el romanticismo. Cuando se presentó en el Salón de 1819 “La balsa de la Medussa” provocó un gran escándalo y horrorizó a las clases dirigentes, pues la escena narra la historia auténtica del naufragio, además de la fragata del gobierno francés La Medussa. El capitán y sus oficiales se reservaron los botes salvavidas y abandonaron en una balsa improvisada a unas ciento cincuenta personas, entre tripulación y pasajeros, que se hundieron en la desesperación, el salvajismo y el canibalismo. Géricault se atrevió a mostrar un episodio sórdido de la historia contemporánea con un estilo que se asemeja a las colosales obras heroicas del pasado tan amadas por los tradicionalistas. Por un lado, en el cuadro se advierte una dosis macabra de realismo (Géricault estudió diversos cadáveres para captar bien los detalles), en el que la pincelada enérgica acentúa la sensación de arremolinamiento y garantiza la emoción. Por otra parte, los cuerpos y la composición en forma de pirámide son clásicos en su estilo. A pesar de la indignación suscitada, el cuadro consolidó la reputación artística de Géricault y tuvo una enorme influencia en otros artistas.
servido por giverny
22 comentarios
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Ele Gallerani dijo
Fantástico el post, Marina, siempre me atrajo mucho este cuadro, a pesar de encontrarlo algo histriónico.
¿Vas bien?
BSSSS
19 Junio 2008 | 12:12 AM