Cuando Diego Rivera (1886-1957) pintó esta obra, había terminado una serie de cuadros en San Francisco. Estaba a punto de iniciar una serie de frescos en la Galería Nacional de México e iba a construir Anahuacalli, un edificio que albergaría su colección de objetos y arte precoloniales. Tres años antes había roto su amistad con Leon Trotsky a quien había alojado, después de exiliarse a México y roto también con su esposa Frida Kahlo, aunque volvió a casarse con ella al año siguiente. “La vendedora de flores” representa la fusión de los principios artísticos fundamentales de la obra de Rivera. Estudió con pintores cubistas como Pablo Picasso a quien conoció en París, pero también estaba influenciado por muralistas mexicanos como David Alfaro Sequeiros y Rufino Tamayo, cuyo enfoque adoptó para crear un estilo nacional. Desde el punto político, Rivera fue durante toda su vida un activo miembro del Partido Comunista mexicano y utilizó con frecuencia temas históricos y políticos. En este cuadro, muestra un íntimo conocimiento de la revolución mexicana de 1910 y abraza la fe de su héroe, Emiliano Zapata, quien animó a los campesinos a volver a la tierra que les pertenecía.