¿Quién dice que la literatura no sirve para nada? Se alzan a menudo voces sobre la “inutilidad” de la literatura, pero en los últimos tiempos ¿Quién nos lo iba a decir? El mundo de la publicidad le ha echado un cable. Después de múltiples esfuerzos y dinero gastado por instituciones públicas en campañas para fomentar la lectura, resulta que los publicitarios la utilizan para dar prestigio a determinadas marcas. Si hace unos meses se utilizaba un texto de un cuento de Julio Cortázar (Historias de Cronopios y Famas, además parece la voz del mismo Cortázar) para un anuncio de Seat, ahora es un poema de Rudyard Kipling (Si) el que protagoniza un anuncio de Repsol.

Adelante señores publicitarios, no se detengan. Otros muchos autores esperan para incorporarse a sus anuncios.

Marcel Proust, con “En busca del tiempo perdido”, es ideal para anunciar relojes, mientras que “On the road” de Jack Kerouac, encaja con los coches.

A ”La montaña mágica”, de Thomas Mann, la veo en el anuncio de un resot de montaña, y Moby Dick, de Melville, sirve tanto para un detergente (por la blancura) como para pescado congelado (por la ballena) Una residencia geriátrica encontraría un elegante apoyo en “Cien años de soledad”, mientras que una aseguradora se vería refrendada por “El cielo protector”, de Paul Bowles.

En el ámbito catalán, “Aigua avall” (Agua abajo) de Joseph Pla, va bien para anunciar prefumres. “La plaça del Diamant” (La plaza del diamante) de Mercé Rodoreda para promocionar joyas, y “L´home que es va perdre (El hombre que se perdió) de Francesc Trabal, para un sistema de navegación GPS. El abanico es amplio. Todo sea por la publicidad y, de paso, hasta puede que alguien se sienta tentado de leer el libro que arropa el anuncio. Si sucede con la música ¿por qué no con la literatura?

Fuente: El Periódico.

Aquí están los dos spots y la letra del famoso poema de Kipling, una belleza.

Si puedes mantener la cabeza sobre los hombros
cuando otros la pierden y te cargan su culpa,
Si confías en ti mismo aún cuando todos de ti dudan,
pero aún así tomas en cuenta sus dudas;
Si puedes esperar sin que te canse la espera,
o soportar calumnias sin pagar con la misma moneda,
o ser odiado sin dar cabida al odio,
y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad:
Si puedes soñar y no hacer de tus sueños tu guía;
Si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta;
Si Triunfo y Derrota se cruzan en tu camino
y tratas de igual manera a ambos impostores,
Si puedes tolerar que los bribones,
tergiversen la verdad que has expresado
y que sea trampa de necios en boca de malvados,
o ver en ruinas la obra de tu vida,
y agacharte a forjarla con útiles mellados:

Si puedes hacer un montón con todas tus victorias
Si puedes arrojarlas al capricho del azar,
y perder, y remontarte de nuevo a tus comienzos
sin que salga de tus labios una queja;
Si logras que tus nervios y el corazón sean tu fiel compañero
y resistir aunque tus fuerzas se vean menguadas
con la única ayuda de la voluntad que dice: “¡Adelante!”

Si ante la multitud das a la virtud abrigo,
Si aún marchando con reyes guardas tu sencillez,
Si no pueden herirte ni amigos ni enemigos,
Si todos te reclaman y ninguno te precisa;
Si puedes rellenar un implacable minuto
con sesenta segundos de combate bravío,
tuya es la Tierra y sus codiciados frutos,
Y, lo que es más, ¡serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling (If)