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La Coctelera

giverny

21 Noviembre 2007

EL PRINCIPE FELIZ -OSCAR WILDE-

Dominando la ciudad, sobre una alta columna, descansaba la estatua del Príncipe Feliz. Cubierta por una capa de oro magnífico, tenía por ojos dos zafiros claros y brillantes, y un gran rubí centelleaba en el puño de su espada.Era admirado por todos: "Es tan hermoso como el gallo de una veleta"- afirmaba uno de los dos concejales de la ciudad que deseaba ganar fama como conocedor de las bellas artes- "nada más que no resulta
tan útil"- añadía, temiendo que las gentes pudieran juzgarle impráctico; cosa que en realidad no era.
-"¿Por qué no puedes ser como el Príncipe Feliz?" -decía una madre razonable a su pequeño que lloraba por alcanzar la luna- "Al Príncipe Feliz nunca se le ocurre llorar por nada".
-"Me alegra que haya alguien en el mundo que sea tan feliz"-mascullaba un pobre hombre frustrado, contemplando la estatua maravillosa.
-"Es igual que un Ángel" -comentaban los niños del coro de la catedral cuando salían de ella con sus esclavinas rojas y sus roquetes blancos y almidonados.
-"¿Cómo lo sabéis?" -replicaba el maestro de matemáticas-, "¿si nunca habéis visto uno?"
-"¡Ah, porque los hemos visto en sueños!" -contestaban los muchachos; y el maestro de matemáticas fruncía el ceño y tomaba una actitud muy seria porque no le gustaba que los niños soñasen.
Una noche voló sobre la ciudad una golondrina. Sus compañeras ya habían partido hacia Egipto seis semanas antes, pero ella se retrasó porque estaba enamorada de un bellísimo junco. Lo había conocido al
principio de la primavera cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y se sintió atraída de tal manera por su tallo esbelto, que se detuvo para hablarle.
-¿Aceptas mi amor? -le preguntó la golondrina que nunca se andaba con rodeos; y el junco hizo una ceremoniosa inclinación. Entonces la golondrina voló haciendo grandes círculos a su alrededor, rozaba la
superficie de las aguas con las puntas de sus alas, dejando brillantes estelas de plata. Ésa era su manera de cortejar; y así transcurrió todo el verano.
-"Son unas relaciones tontas" -gorjeaban las otras golondrinas-. "El es pobre y tiene demasiados parientes". -Y verdaderamente, el río estaba lleno de juncos. Entonces, al llegar el otoño, todas las golondrinas alzaron el vuelo.
Cuando ya se habían alejado, la golondrina se sintió sola, y comenzó a cansarse de su amante. "No tiene conversación" -se decía-. "Además creo que es casquivano, porque constantemente coquetea con brisa".- Y era verdad, en cuanto la brisa comenzaba, el junco hacía las reverencias más graciosas."Además tengo que reconocer que es demasiado casero" -continuaba- "y a mí me gusta viajar, y a mi compañero, por tanto, deberá gustarle viajar conmigo."
-"Te vendrías conmigo" -le preguntó al fin, pero el junco. sacudió la cabeza,... ¡se sentía tan ligado a su hogar!
"¡Te has estado burlando de mí!" –gritó la golondrina-. "Me marcho a las Pirámides, ¡adiós!" -y echó a volar.
Voló durante todo el día, y ya de noche llegó a la ciudad. -"Dónde me alojaré" -se preguntó-. "Espero que la ciudad haya preparado algún lugar para mí."
Entonces divisó la gran columna, -"Me cobijaré allá" -gorjeó-. "Es un magnífico lugar con bastante aire fresco." -Y así, se detuvo justamente entre los dos pies del Príncipe Feliz.
-"Tengo una habitación dorada" -se dijo quedamente después de mirar en torno suyo y preparándose a dormir; pero en el momento en que iba a poner la cabeza bajo el ala, una gran gota de agua le cayó encima-.
"¡Qué raro!"-exclamó- "no hay una sola nube en el cielo, las estrellas se ven claras y brillantes, y sin embargo está lloviendo. El clima en el norte de Europa es verdaderamente terrible. Al junco le gustaba la
lluvia, pero eso no era más que puro egoísmo."
Entonces le cayó otra gota. -"De qué me sirve una estatua, si no me protege de la lluvia" -dijo la golondrina-. "Voy a buscar el copete de una chimenea", y ya iba a emprender el vuelo pero antes de que hubiese desplegado las alas, le cayó encima una tercera gota.
Entonces miró hacia arriba y vio... ¡Ah!, ¿qué es lo que vio?
Los ojos del príncipe estaban bañados en lágrimas, y las lágrimas corrían por sus mejillas doradas. Su cara era tan hermosa bajo la luz de la luna que la pequeña golondrina se sintió llena de lástima. -'¿Quién eres?" -le preguntó. -"Soy el Príncipe Feliz".
-"Entonces; ¿por qué lloras?" -dijo la golondrina-, "me has empapado."
-"Cuando estaba vivo, y tenía un corazón humano" -contestó la estatua-, "no sabía lo que eran las lágrimas, porque vivía en el Palacio de Sans-Souci, donde a la tristeza no se le permite entrar. Durante el
día jugaba con mis amigos en el jardín, y en la noche yo dirigía las danzas en el Gran Salón.
"Alrededor del jardín se alzaba una tapia altísima, pero nunca me preocupé por preguntar lo que se encontraba tras ella; todo lo que me rodeaba era tan bello. Mis cortesanos me llamaban El Príncipe Feliz, y en realidad lo era, si es que el placer es la felicidad. Así viví, y así morí. Y ahora que estoy muerto me han colocado a tal altura, que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad, y aunque mi corazón ahora es de plomo, no me queda más remedio que llorar."
-"Pues qué, ¿no está hecho de oro macizo?" -se dijo para sí la golondrina, pues era muy cortés para hacer observaciones en voz alta.
-"Allá lejos" --continuó la estatua en voz baja y melódica-, "allá lejos, en una callejuela, hay una casa muy pobre. Una de las ventanas permanece abierta, y por ella puedo ver una mujer sentada ante una mesa. Su cara se ve demacrada y triste, tiene manos toscas y enrojecidas, y las yemas de sus dedos picadas por la aguja, porque es costurera. Está bordando pasionarias en un vestido de seda que deberá lucir la más encantadora de las damas de honor de la reina, en el próximo gran baile de la Corte. Sobre una cama, en un rincón del mismo cuarto, yace su pequeño hijo enfermo, con fiebre, y pide naranjas. Su madre no tiene nada para darle, más que el agua del río; y por eso el pequeño llora. Golondrina, golondrina, golondrinita,
¿no quisieras llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos a este pedestal, y no puedo moverme.
-"Me están esperando en Egipto" -contestó la golondrina-. Mis compañeras ya vuelan de aquí para allá sobre el Nilo, y hablan con los grandes lotos. Pronto se recogerán a dormir en la tumba del Gran Rey.
El Rey está allí mismo dentro de su sarcófago pintado. Envuelto en bandas de lino amarillo y embalsamado con especies. Tiene puesto un collar de jades verde pálido, alrededor del cuello, y sus manos son como hojas marchitas."
-"Golondrina, golondrina, golondrinita" -dijo el príncipe- "¿No podrías quedarte conmigo una noche más, y ser mi mensajera?-¡El niño tiene tanta sed, y su madre está tan triste!"
-"No creo que me gusten los niños" -contestó la golondrina-. "El año pasado cuando estaba en el río, andaban por allí dos muchachos groseros, hijos del molinero, y que siempre me tiraban piedras. Nunca
llegaron a alcanzarme, por supuesto; nosotras las golondrinas volamos demasiado bien, y además yo procedo de una familia famosa por su agilidad; pero aun así, eso no dejaba de demostrar una gran falta de
respeto".
Pero El Príncipe Feliz se veía tan triste, que la pequeña golondrina se sintió compadecida.
-"Aquí hace mucho frío" -dijo al fin- "pero me quedaré contigo por una noche y seré tu mensajera."
-"Gracias golondrinita" -contestó el Príncipe.
Entonces la golondrina arrancó el gran rubí del puño de la espada del Príncipe, y llevándolo en el pico, voló sobre los techos de la ciudad.
Pasó sobre la torre de la catedral, donde estaban esculpidos unos ángeles en mármol blanco. Cruzó cerca del palacio y oyó la música del baile. Una preciosa joven se asomó al balcón junto a su novio.
-"¡Qué maravillosas son las estrellas!" -dijo él a la muchacha- ¡y también qué asombroso el poder del amor!"
-"Espero que mi vestido esté terminado a tiempo para el baile oficial" -respondió ella-. "He mandado bordar en él, pasionarias; pero las costureras son tan perezosas..."
La golondrina pasó por encima del río, y vio la luz de los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Voló sobre el Ghetto, y vio a los viejos judíos, negociando entre sí, y pesando el dinero en balanzas de cobre. Por fin llegó a la pobre vivienda, y miró dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camastro, y la madre se había dormido... ¡estaba tan cansada! ... Se deslizó rauda en la habitación, y depositó el gran rubí sobre la mesa, junto al dedal de la costurera. Entonces, graciosamente, revoloteó alrededor de la cama, abanicando con sus alas la frente del niño.
-"¡Qué fresco siento!" -exclamó el niño- "debo estar mejorando", y se sumergió en un sueño delicioso.
Entonces la golondrina regresó volando hacia el Príncipe Feliz, y le narró lo que había hecho. "Es curioso, comentó, pero ahora me siento con bastante calor, a pesar de estar haciendo tanto frío."
-"Es porque has realizado una buena acción" -dijo el Príncipe. La golondrinita comenzó a reflexionar, y se quedó dormida. El pensar siempre le daba sueño. Cuando empezaba a amanecer bajó volando al río y se bañó. -'¡Qué fenómeno más notable!" -dijo el profesor de ornitología, al pasar por el puente- "¡Una golondrina en invierno!"
Y escribió sobre este asunto una larga carta al periódico local. Todos la citaban y hablaron de ella, ¡estaba llena de tantas palabras que no alcanzaban a entender! ...
-"Esta noche parto para Egipto" -dijo la golondrina, sintiéndose entusiasmada con esta perspectiva.
Visitó todos los monumentos públicos, y estuvo descansando largo rato en la cúspide del campanario. Donde quiera que fuese, los gorriones gorjeaban y se decían unos a otros:
-"Que forastera tan distinguida".
Y se sentía muy contenta y halagada al oírlo.
Cuando salió la luna, voló de regreso al Príncipe Feliz.
-"¿No tienes ningún encargo para Egipto?" -le gritó-. "Ya me voy"
-"Golondrina, golondrina, golondrinita" -contestó el Príncipe-. "¿No podrías quedarte conmigo una noche más?"
-"Me esperan en Egipto" -fue la respuesta-. "Mañana mis compañeras volarán a la segunda catarata. Allí el hipopótamo descansa -sobre los juncos y el dios Memnón reposa sobre su gran trono de granito, vigilando las estrellas durante toda la noche, y cuando surge brillante la estrella matutina, lanza un gran grito de alegría, y vuelve a quedar silencioso. A medio día los leones amarillos se acercan a las orillas para beber. Tienen ojos como aguamarinas verdes, y su rugido domina al de las cataratas."
-"Golondrina, golondrina, golondrinita" -dijo el Príncipe-. "Lejos, más allá de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre su mesa llena de papeles, y enfrente tiene un vaso con un ramito de violetas marchitas. Su cabello es castaño y rizado, sus labios rojos como granos de granada; y los ojos son hermosos y soñadores. Está tratando de concluir una obra para el director del teatro; pero tiene un frío tan terrible que ya no puede escribir más. No hay fuego en la habitación, y el hambre ha hecho que se desmaye."
-"Esperaré una noche más y me quedaré contigo" -contestó la golondrina, que en verdad tenía muy buen corazón-. "¿Le llevaré otro rubí?"
-"¡Ay, ya no tengo rubí!" -dijo el Príncipe-. "Mis ojos son todo lo que me queda. Están hechos con zafiros rarísimos, que fueron traídos de la India, hace mil años. Sácame uno, y llévaselo a él. Lo venderá a un joyero, y comprará leña, y podrá terminar su obra.
-"Querido Príncipe" -replicó la golondrina- "no puedo hacer eso" -y comenzó a llorar.
-"Golondrina, golondrina, golondrinita" -insistió el Príncipe-. "Haz lo que te ordeno".
Así pues, la golondrina le sacó un ojo al Príncipe, y voló llevándolo hasta la buhardilla del estudiante. Fue fácil entrar, pues había un agujero en el techo. Penetró por él como una flecha, a la habitación.
El joven tenía la cabeza hundida entre las manos. No pudo percatarse del aleteo del pájaro, y cuando levantó la cabeza, descubrió el hermoso zafiro descansando sobre las violetas marchitas.
-"Empiezo a ser apreciado" -exclamó-. "Esto debe venir de algún gran admirador. Ahora puedo terminar mi obra"-. Estaba verdaderamente dichoso.
Al día siguiente la golondrina voló hacia el puerto. Se detuvo en el mástil de un gran barco, mirando a los marineros que sacaban grandes cajas de la cala, tirando de gruesas cuerdas.
-"¡Arriba, iza!" -gritaban según salía cada caja.
-"¡Yo voy para Egipto!" -gritó la golondrina; pero nadie le hizo caso; y cuando se levantó la luna, regresó de nuevo al Príncipe Feliz, volando.
-"He vuelto para despedirme de ti, para decirte adiós.
-"Golondrina, golondrina, golondrinita" -contestó el Príncipe-. "¿No te quedarías una noche más conmigo?"
-"Ya es invierno" -dijo la golondrina- "y la helada nieve pronto llegará. En Egipto el sol es caliente sobre las palmeras verdes, y los cocodrilos descansan en el lodazal y miran perezosos a su alrededor. Mis compañeras están construyendo sus nidos en el templo de Baalbec, y las palomas blancas y rosadas las vigilan, arrullándose entre sí. Querido Príncipe, tengo que abandonarte, pero nunca te podré olvidar, y en la próxima primavera, te traeré dos magníficas piedras preciosas, en lugar de las que has regalado. El rubí será más rojo que una rosa, y el zafiro será tan azul como el ancho mar".
-"Allá abajo, en la plaza" -siguió diciendo el Príncipe Feliz- "está en pie una niña vendedora de cerillos. Se le han caído todos los cerillos al arroyo, y ya no sirven. Su padre la maltratará, le pegará, si no trae algo de dinero a la casa, y por eso llora. No tiene ni zapatos ni medias, y su cabeza está descubierta. Sácame el otro ojo, dáselo, y su padre no le pegará".
-"Me quedaré una noche más contigo" -respondió la golondrina-, "pero no puedo sacarte el otro ojo. Te quedarás completamente ciego".
-"Golondrina, golondrina, golondrinita" -dijo el Príncipe-. "Haz lo que te mando."
Así las cosas, le sacó el otro ojo, y lo llevó consigo, descendiendo y pasando junto a la pequeña vendedora de cerillos, le deslizó la gema en la palma de la mano.
- "Qué precioso vidrio" -gritó la niña-. Y corrió riendo hacia su casa.
Entonces la golondrina volvió al Príncipe.
-"Ahora estás ciego" -dijo-. "Así es que me quedaré para siempre contigo."
-"No, golondrinita" -replicó el pobre Príncipe-. "Debes irte a Egipto."
-"Me quedaré para siempre a tu lado" -dijo la golondrina. Y se durmió a los pies del Príncipe.
Todo el día siguiente lo pasó sobre el hombro del Príncipe, y le contó muchas cosas de todo lo que había visto en países extraños. Le habló de los ibis rojos, que permanecen inmóviles en largas hileras a orillas del Nilo, y pescan peces dorados, con sus largos picos. De la Esfinge, que es tan antigua como el mundo, que vive en el desierto, y todo lo sabe. De los mercaderes, que caminan despacio al lado de sus camellos, y van pasando las cuentas de ámbar de los rosarios entre sus dedos. Le hizo relatos del rey de las montañas de la luna, que es tan negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal. También le describió la enorme serpiente verde que duerme enroscada en una palmera, y tiene veinte sacerdotes que la alimentan con
pastelillos de miel. Y también le dijo de los pigmeos que navegan por un gran lago, sobre anchísimas hojas planas, y que siempre está en guerra con las mariposas.
-"Querida golondrinita" -dijo el Príncipe- "me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso que todo eso, es el sufrimiento de hombres y mujeres. No existe misterio más grande que el de la miseria. Vuela sobre mi ciudad, golondrinita, y dime lo que ves en ella".
Entonces la golondrina voló sobre la gran ciudad; y pudo ver a los ricos holgar dichosos en sus hermosas mansiones, mientras los mendigos se sentaban a sus puertas. Voló a través de barriadas sombrías, y contempló las caras lívidas de niños hambrientos mirando inmóviles hacia las calles en tinieblas. Bajo uno de los arcos de un puente, dos pequeños dormían abrazados tratando de calentarse uno al otro.
-"Tenemos mucha hambre" -decían.
-"¡Aquí no se puede estar tumbado!" -gritó el vigilante.
Y se alejaron bajo la lluvia. Entonces regresó al Príncipe volando, y le dijo todo lo que había visto.
-"Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe- me lo debes quitar, hoja por hoja, y darlo a mis pobres; los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.
Hoja tras hoja de oro fino arrancó la golondrina, hasta que el Príncipe Feliz se quedó gris y deslucido. Hoja tras hoja de oro fino llevó la golondrina a los pobres, y las caras de los niños se fueron tornando rosadas, y reían y jugaban en las calles, y exclamaban alegremente: "¡Ahora tenemos pan!"
Y entonces llegó la nieve, y después de la nieve vino la helada. Las calles parecían cubiertas de plata, ¡eran tan brillantes y pulidas!...; grandes témpanos como dagas de cristal colgaban de los aleros de las
casas, toda la gente iba envuelta en pieles, y los niños llevaban gorros rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre golondrinita tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe; ¡era muy grande su amor por él! Picoteaba las migajas en la puerta de la panadería, cuando su dueño no se daba
cuenta y trataba de calentarse, batiendo sus alas.
Pero al fin comprendió que iba a morir. Tuvo suficientes fuerzas para volar de nuevo hasta el hombro del Príncipe.
-"Adiós, querido Príncipe" -murmuró-. "¿Me permites besar tu mano?"
-"Me alegra que puedas por fin regresar a Egipto, golondrinita" -contestó el Príncipe-. "Ya has estado demasiado tiempo aquí; pero tienes que besarme en los labios, porque te amo."
-"No es a Egipto a donde voy" -dijo la golondrina-. "Voy a la Casa de la Muerte. La Muerte es la hermana del sueño, ¿no es verdad?"
Y besó al Príncipe Feliz en los labios. Y cayó muerta a sus pies. En ese momento un sonido extraño se oyó en el interior de la estatua, como si algo se hubiese quebrado. El hecho es que el corazón de plomo se había partido en dos. Estaba cayendo una terrible helada.
A la mañana siguiente, el Alcalde paseaba abajo, en la plaza, acompañado por los regidores de la ciudad. Al pasar junto a la columna, miraron hacia la estatua:
-"¡Válgame Dios!" -exclamó-. "¡Qué desaliñado se ve el Príncipe Feliz!"
-"¡De veras, qué andrajoso!" -añadieron los regidores de la ciudad, que siempre estaban de acuerdo con el Alcalde; y se acercaron y subieron a examinarla.
-"El rubí se ha caído del puño de su espada, los ojos han desaparecido, y ya no tiene nada de oro encima" -dijo el Alcalde-. "En verdad casi no se diferencia de un mendigo."
-"No se diferencia de un mendigo" -repitieron los regidores de la ciudad.
-"¡Y aquí se encuentra un pajarillo muerto a sus pies!" -continuó el Alcalde.
-"Debemos promulgar un bando, prohibiendo que los pájaros mueran aquí."
Y el Alguacil de la ciudad tomó nota de esta iniciativa.
Así fue como bajaron la estatua del Príncipe Feliz. "Ya que habiendo dejado de ser hermoso, ya tampoco era útil"; dijo el Profesor de Arte de la Universidad.
Entonces fundieron la estatua en un gran horno, y el Alcalde convocó a una reunión para decidir lo que debería hacerse con el metal.
-"Tendremos que levantar otra estatua, por supuesto" -y añadió-. "Y, por ejemplo, podría ser una estatua mía."
-"O la mía" -repitieron cada uno de los regidores.
Y comenzaron a discutir. La última vez que supe algo de ellos, fue que todavía estaban discutiendo.
-"¡Qué cosa más rara!" -dijo el maestro de fundidores-. "Este roto corazón de plomo, no se puede fundir en el horno. Lo tenemos que tirar."
Y lo tiraron sobre un montón de cenizas donde también se encontraba la golondrina muerta.
-"Tráeme las dos cosas más preciosas de toda la ciudad" -dijo Dios a uno de sus ángeles; y el ángel le trajo el corazón de plomo y el pajarillo muerto.
-"Escogiste bien" -dijo Dios-. "Por que en mi Jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro, el Príncipe Feliz me alabará."
Oscar Wilde

Tags: literatura

servido por giverny 43 comentarios compártelo

43 comentarios · Escribe aquí tu comentario

fenicia

fenicia dijo

Mañana,con luz del dia lo leo entero,o lo releo,que me hace ilusión.Gracias.kiss

21 Noviembre 2007 | 12:31 AM

carlos ene eme

carlos ene eme dijo

precioso. Te hace emocionar la increíble sensibilidad de Oscar Wilde. Como en el gigante egoista o el fantasma de Canterbury, aún teniendo un final trágico, todos sus cuentos son de una belleza subyugante. Wilde y H.C. Andersen le dieron a los cuentos una dimensión de belleza poética y estética jamás alcanzada.
¿Te das cuenta que del príncipe sólo queda su corazón de plomo, como en el soldadito de plomo de Andersen?
Eso sucede cuando se ama sin límite: nos convertimos en corazón, todo lo demás no vale nada.

Besos buenas noches. Carlos.

21 Noviembre 2007 | 12:38 AM

carlos ene eme

carlos ene eme dijo

Givvy: Eres muy sensible. Aprecias las cosas pequeñas y ves la belleza en los detalles. Eso te define. Me gusta.

P.D: guapa (aún no te lo había dicho)

21 Noviembre 2007 | 12:46 AM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Mar,

¡Precioso cuento! que, como tantos otros, a pesar de su belleza nos hacen, por una parte, lamentarnos de las miserias y de las injusticias humanas, y por otro, apreciar los valores y sentimientos más nobles del hombre, y, en todo caso, emocionarnos con él.

Estos reyes y príncipes que nos encontramos en los cuentos, si son buenos, como los Reyes Magos", no me molestan porque me ayudan a soñar; los que no soporto son los de carne y hueso, llenos de medallas de latón y vestidos de domadores en sus fiestas.

Besos.

21 Noviembre 2007 | 01:21 AM

Maga

Maga dijo

que cuento clásico tan lindo, Mar. Es uno de infancia. Qué ternura de manejo del lenguaje. Wilde es genial.

Felicidades por tus post tan bonitos, la ilustración muy ad hoc.

21 Noviembre 2007 | 01:48 AM

Benjamín Rivera

Benjamín Rivera dijo

Hola, cómo estás, espeor que bien, yo estoy bien... muy buena la crónica, y el reflejo sensible de Oscra Wilde... bueno, te djeo, adios... nos vemos...

21 Noviembre 2007 | 02:05 AM

lunalunera

lunalunera dijo

Ooooh es realmente bonito, triste, pero precioso... y la golondrina, con toda su admiración por el príncipe, ayudándole en su sacrificio por la gente a la que quería ayudar; y todo su amor por el príncipe, muriendo por quedarse a su lado...

Ju, es precioso... ala, ya estoy romanticona, no puede ser... XD

Muchas gracias por un post así, es emocionante -^^-

21 Noviembre 2007 | 02:05 AM

honrarlavida

honrarlavida dijo

MAR: es hermoso!!! y conmovedor este cuento...
El Príncipe dio todo lo que tenía a quienes verdaderamente lo necesitaban, y dando... conoció el amor, como recompensa, pienso...
La golondrina también hizo lo suyo....
Cuánta enseñanza, cuanto ejemplo hay en estas letras!!!!!
Me encantó, no pude parar de leer hasta el final....
Un beso
Marcela

21 Noviembre 2007 | 03:05 AM

www-lacoctelera-com-inaki

www-lacoctelera-com-inaki dijo

Qué bonito, Mar. Hacía mucho que no me lo contaban. Besos.

Iñakito.

21 Noviembre 2007 | 07:46 AM

Nadie Dice

Nadie Dice dijo

Me lo he leído entero, estoy empezando mi entrenamiento estilo Rocky Balboa, pero sin subir peldaños. Lo qué me llama la atención es la moraleja que encierran todos los libros y qué con las cosas más sencillas se dice más que con tesis y monografías sobre lo abstracto, pues contando esta historia principesca, se descubre el sacrificio y el amor.

El mundo es un teatro, pero tiene un reparto deplorable. (O.W.)
Nadie

21 Noviembre 2007 | 11:05 AM

oncedeenero

oncedeenero dijo

Mar... me hiciste retroceder montón de tiempo... y volverme a emocionar, como cuando lo leí allá en la escuela primaria... Y pensar/re_pensar que no hay, ahora, ni príncipes felices ni golondrinas temerarias.... Ni Oscares Wildes que interpreten hambres,fríos, sueños incumplidos y lo trasladen a cuentos que nos descubran los valores del alma...

O los hay..y por ahi..yo no los veo?

No importa...Lo que sí importa es que...ES UN LUJO DEL CORAZON Y DEL ESPIRITU VENIR A TU RINCONCITO...

Gracias, Mar querida... BESO TRANSPARENTISIMO!

21 Noviembre 2007 | 01:56 PM

lobosolitario

lobosolitario dijo

Cuanto tiempo sin leer esta historia... es un gusto volver a encontrarse con ella, y estoy con lo que dice Nadie Dice, "Lo qué me llama la atención es la moraleja que encierran todos los libros y qué con las cosas más sencillas se dice más que con tesis", que a su vez, me ha evocado a "El Principito", otra historia que tiene su cosa... que al leerlo de niño te parece una cosa, y leído, cuando ya eres un adulto, es otra totalmente distinta. Con la gran frase "Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos."...

Por cierto, gracias por tu gratificador comentario, no es para tanto... ;)

Saludos

21 Noviembre 2007 | 04:58 PM

Ele Gallerani

Ele Gallerani dijo

Gracias, gracias y mas gracias por recordarme uno de los cuentos más bellos que he leido en mi ya larga vida. Un secreto, uno de mis libros favoritos es también de D. Oscar, El Retrato de Dorian Grey.
BSSSS y ahora al curro.

21 Noviembre 2007 | 05:12 PM

apetitto

apetitto dijo

Mar, me has recordado de nuevo el cuento que en su día leí. EL AMOR...

Hay que reconocer que Oscar Wilde escribió cosas preciosas, duras y tristes, pero dejó algo maravilloso:

"De profundis"

SIEMPRE FUE LA RUINA SU COMPAÑERA. CUANDO UNO ES DUEÑO DE SU PROPIA DESTRUCCIÓN.

Besos Mar por este ofrecimiento que me ha hecho recordar otros tiempos.

21 Noviembre 2007 | 05:28 PM

apetitto

apetitto dijo

Mar, discúlpame por mi comentario en el post de Ros.

Un fuerte abrazo si lo consideras oportuno y lo aceptas.

21 Noviembre 2007 | 06:25 PM

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

¡¡Bravo!! ¡¡Bravo!! ¡¡Bravo!! Este es uno de mis cuentos favoritos. Genial Oscar, siempre.

Gracias por taerlo. Siempre es un placer volver a leerlo.

Un peto

21 Noviembre 2007 | 06:44 PM

solis

solis dijo

MAR,

precioso este cuento ,
no tienes idea de como lo he disfrutado ,
Asi deveriamos de hacerlo dar al que mas lo necesite y en recompenza recibiremos verdadero amor ,
un abrazote y gracias amiga .
feliz dia de dar gracias
Esperanza

21 Noviembre 2007 | 07:04 PM

Ofelia  Balderas Gallegos.

Ofelia Balderas Gallegos. dijo

Esta historia tiene muchos mensajes para reflexionar, es nuevo para mi, nunca lo habia leido pero me ha encantado, gracias por publicarlo.

Buen dia.
=)

21 Noviembre 2007 | 07:33 PM

el-hacker-ak-47

el-hacker-ak-47 dijo

Este cuento me recuerda al lugar donde vivo, Ponferrada. Había una plaza, la plaza de las madres, y en ella una estatua con una madre levantando a su hijo y su hija columpiándose en la falda de su madre.

Me marche a estudiar y llegó al poder un tal Ismael Álvarez (alcalde que tuvo que dimitir por a coso a una mujer de su propio partido) quien quitó de ahí la estatua para poner una fuente y un busto de acero con la imagen de Don Luis del olmo Marote (famoso locutor radiofónico de las mentiras de más de 10.000 kilates de oro), hijo predilecto de la ciudad según reza la placa, aunque el sentimiento de las personas que aquí nos toca vivir se aproxime a la imagen de un cerdo templario más y al que se le conoce como el General Pinocho del Olmo.

Un saludo

21 Noviembre 2007 | 07:53 PM

harukaze

harukaze dijo

Gracias por el cuento , Mar. Leerlo ha sido como volver a mi infancia (lo que pude llorar cuando íba llegando al final! Lo tontos que me parecieron esos personajes que no reconocían el valor y el amor de la golondrina y el príncipe!).
Besos.

21 Noviembre 2007 | 08:37 PM

lascosasdepepe

lascosasdepepe dijo

el eterno oscar wilde..

un abrazo.

21 Noviembre 2007 | 08:49 PM

Fernando

Fernando dijo

Buena noche,la pintura es de tTania
del blog de los patos
Tienes en los enlaces,son 3 pintores muy majos
dos patas para un pato se llama
tEN UNA BUENA NOCHE mAR

21 Noviembre 2007 | 11:13 PM

medussa

medussa dijo

precioso, como muchas otras obras de wilde, esta genial que traigas cultura a internet!!

un besazo guapa

22 Noviembre 2007 | 02:10 AM

giverny

giverny dijo

Fenicia:
Gracias , lo entiendo:-) seguroq ue te ha gusatdo volverlo a leer.
Besos

22 Noviembre 2007 | 07:14 PM

giverny

giverny dijo

Carlos:
Que duda hay de la sensibilidad de Wilde:-)
Je je je, me llamas guapa pero igual te llevas una desagradable sorpresa;-))
Besos

22 Noviembre 2007 | 07:16 PM

giverny

giverny dijo

José:
Una vez más estamos de acuerdo y este cuento es muy educativo a la par que emotivo.
Yo espero la III ;-)
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:20 PM

giverny

giverny dijo

Maga:
Es una delicia, al hablar de los tebeos el otro día em vino a la mente y me hizo ilusión postearlo, pues ha sido me cuento favorito cuando ni sabia quien era Wilde.
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:22 PM

giverny

giverny dijo

Benjamín:
Bueno, no es una crónica, es un cuento maravilloso de Oascar Wilde:-)
Besos

22 Noviembre 2007 | 07:22 PM

giverny

giverny dijo

Lunalunea:
No sabes lo que he llorado leyéndolo, me lo sabía de memoria, pero daba igual, lo vivía tanto... :-)
Si, somos muy románticas:-)
Besos!

22 Noviembre 2007 | 07:24 PM

giverny

giverny dijo

Marce:
Es una maravilla, por lo bien escrito, por su enseñanza, por toda la emoción quelleva. Me alegro que te haya gusatdo amiga
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:25 PM

giverny

giverny dijo

ñaki:
Y mira por donde es tu amiga Mar quien te lo vuelve a contar;-))
Besos!!

22 Noviembre 2007 | 07:26 PM

giverny

giverny dijo

Nadie:
Así es, si se sabe, claro se pueden decir las cosas simplemente y a la vez enseñan, sin tanto boato y tanto rollo.
Las frases de Wilde tambén son apóteosicas (menos algunas dedicadas a las mujeres, pero se lo perdono por los tiempos en que vivió)
Besos

22 Noviembre 2007 | 07:29 PM

giverny

giverny dijo

Su:
Yo supongo que continuan habiéndolos, pero nosotras ya no los vemos, se nos quedaron atrás.
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:30 PM

giverny

giverny dijo

Lobito:
Evidentemente coincidimos:-)
Pues para mi si (por lo del comenatrio en tu blog) ¿vale? ;-))))
Contenta de verte, de corazón.
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:32 PM

giverny

giverny dijo

Apetitto.
Los abrazos de los amig@s son siempre bien recibidos, ha veces hasta se está necesitado de ellos....
Un fuerte para ti:-)

22 Noviembre 2007 | 07:34 PM

giverny

giverny dijo

Lidia:
Tu y yo nos gustan casi casi las mismas cosas;-))))
Una abraçada!!!

22 Noviembre 2007 | 07:35 PM

giverny

giverny dijo

Solis:
Desde luego es un cuento que lleva mucha moraleja, pobre Wilde ¿alguien le habrá hecho caso alguna vez? ojalá....
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:37 PM

giverny

giverny dijo

Ofelia:
Pues me complace haber sido yo quien te la haya hecho descubrir, como ya he dicho fue mi cuento favorito, pero aparte, como bien dices tiene muchas enseñanzas.
Besos!

22 Noviembre 2007 | 07:39 PM

giverny

giverny dijo

Hak:
Pues me has dejado planchada, siempre llenándosele la boca de su ciudad, que si le quereis tanto y tanto os quiere....vaya, vaya....
Un abrazo:-)

22 Noviembre 2007 | 07:41 PM

giverny

giverny dijo

Haru:
Que sensible eres, que buena:-) Yo pensaba lo mismo ¿como no lo veían?
Un abrazo amiga

22 Noviembre 2007 | 07:43 PM

giverny

giverny dijo

Pepe:
Forever Wilde:-)
Besos

22 Noviembre 2007 | 07:44 PM

giverny

giverny dijo

fernando:
Gracias por la información, iré a "inspeccionar"
Un abrazo:-)

22 Noviembre 2007 | 07:45 PM

giverny

giverny dijo

Medussa:
Wilde es uno de mis favoritos...
Grcias amiga.
Un abrazo

22 Noviembre 2007 | 07:46 PM

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