Lo que siempre me ha dado más miedo es la aparente tranquilidad ante hechos escalofriantes de los individuos que los llevan a cabo: acaban de matar a alguien y parece que lo que han hecho ha sido ir al bar a tomar una taza de café...

Hace unos días vi estas fotos: son de Auschwitz, tomadas en julio de 1944 por Karl Hocker, estas fueran donadas anónimamente al Museo del Holocausto de Washington.

Esas caras sonrientes, distendidas, las familias tomando el sol, jugando con el perro, tocando el acordeón y cantando, todo normal, como si no pasara nada, cuando al lado mismo de donde se tomaron esas fotos cada día exterminaban a miles de judios, gitanos, homosexuales, personas de otras etnias…y ellos reían, su vida era normal ¿normal? .

Hannah Arendt escribió “Eichmann en Jerusalén: Informe sobre la banalidad del mal” Arendt decía que las personas que cometen crímenes innombrables, como en el caso de Eichmann, un alto funcionario de la maquinaria nazi que gestionaba los campos de exterminio, pueden no ser locos fanáticos en absoluto, sino individuos normales que simplemente aceptan las ordenes del estado y participan en cualquier empresa que se trate con la energía de los buenos burócratas.

La palabra “normalidad” puede ser una gran aliada frente a cualquier barbaridad, “normalidad” “normalización” y de ellas nace la rutina; se vuelve rutinario cualquier acto bárbaro y ese es el peligro y caemos una y otra vez en ello: los asesinados por ETA, la eufemística manera de llamar al asesinato de mujeres por sus parejas “violencia de género” etc.

Después de saber de tantas barbaries horripilantes que han ocurrido tenemos que ser muy consecuentes, nunca dejarnos caer en la rutina del mal, aprender de ello y pensar siempre en las personas, en sus familias, detrás de cada una de ellas hay un drama que les afectará para siempre, no nos quedenos en un número…miedo me da la “normalidad”