ORFEO Y EURIDICE
Orfeo era hijo de Apolo y Caliope, este heredó las cualidades musicales y poéticas de sus padres. Enamorado de Eurídice, trabajó con toda su habilidad, cortejándola con su voz, su mirada y su música. Eurídice se vio conmovida por el cortejo y recompensado todo el amor depositado en ella, concediéndole su mano a Orfeo.
Tras un corto periodo, después de esta unión, la novia se encontró con un joven llamado Aristeo mientras caminaba sola por el campo, cuya osada admiración fue de tan mal gusto que se alejó de él tan rapidamente como pudo. En su apresuramiento pisó una serpiente venenosa, la cual mordió su talón. Tras una intensa agonía Eurídice murió y su espíritu fue conducido al tenebroso reino de Plurón, dejando a Orfeo desconsolado.

Louis Ducis (1775-1847)
desgarradores lamentos pasaron a sustituir la alegría de la próxima boda, incluso el encanto de la música fracasó en hacer su vida más soportable. Orfeo deambuló hasta llegar al Olimpo, donde imploró con tanto dolor a Júpiter para que se la devolviera a sus brazos que el corazón del gran dios se llenó de compasión. Por tanto le dio permiso para que descendiera a las Regiones Infernales para buscar a su amada, advirtiéndole al mismo tiempo del peligro que corría.

Camille Corot (1796-1875)
Sin intimidarse, Orfeo se acercó hasta la entrada de Hades, donde pudo ver al feroz perro de tres cabezas llamado Cerbero, que guardaba la puerta, no dejando pasar ningún vivo ni dejando salir ningún espíritu de sus entrañas. Tan pronto como el monstruo vio a Orfeo, empezó a ladrar y gruñir de forma salvaje para ahuyentarle; Orfeo se detuvo y comenzó a tocar una melodía tan dulce que pudo apaciguar la rabia de Cerbero, pudiendo así traspasar el reino de Plutón.
Los mágicos sonidos penetraron incluso en las más remotas profundidades del Tártaro, donde las almas condenadas suspendieron sus labores por un momento y dejaron de suspirar y gemir para poder escuchar. Ninguna criatura viviente había penetrado así en las Regiones Infernales, Orfeo caminó hasta llegar donde estaba Plutón y Proserpina. Orfeo le hizo saber su recado, logrando traer las lágrimas a los ojos de la pareja real, por lo que consintieron devolverle la vida a Eurídice y entregarla a su enamorado. Pero hubo una condición: Antes de que pudieran partir, que él abandonara las Regiones Infernales no debía girar ni una vez la cabeza para mirar el rostro de Eurícide.
Orfeó aceptó la condición y dirijió sus pasos, sin mirar ni a derecha ni a izquierda, solo al frente, mientras caminaba, se preguntaba si Eurídice habría cambiado, por su estancia, en esas profundidades sin luz.
Olvidando la condición impuesta por Platón, su anhelo por festejar sus ojos una vez más con los hermosos rasgos de ella le hizo girar la cabeza justo antes de alcanzar la Tierra. Al hacer eso, el cuerpo de su mujer, que casi había logrado arrancar de la tumba, se desvaneció antes sus ojos aterrados.

Jean Melville (1867-1953)
Todo había terminado para él, lo había intentado y había fallado. Desesperado se retiró al bosque. A veces en su delirio creía verla errando en la sombría distancia, con la misma expresión triste que había logrado ver en su rostro cuando era conducida de vuelta a las oscuras sombras del infierno.
Se hacía de noche cuando algunas bacantes le asaltaron en el bosque, ordenándole que tocara alguna música alegre para que ellas pudieran bailar, pero Orfeo se vio incapaz de atender sus demandas, solo tristes notas emanaban de su instrumento, las bacantes se enfurecieron tanto que lo despedazaron miembro por miembro y arrojaron sus resto al rio.
Mientras la cabeza del músico poeta flotaba en la corriente, sus pálidos labios aún murmuraban el nombre de Eurídice mientras su espíritu volaba hacía el de ella...
Nada quedaba de el músico que recordara a los mortales, excepto el laúd, el cual los doses situaron en el cielo como la brillante constelación de Lira, también conocida por el nombre de Orfeo.





















mixcelaneas dijo
Qué triste historia!! Si hubiera esperado un ratito más..., no?
La imagen que más me gustó, es la más triste... su cabeza y el laúd flotando en el río.
Besossss.
1 Septiembre 2007 | 12:28 AM