Stanislaw Jerzy Lec (5)
• Cuidado cuando los que no tienen alas las despliegan.
• El hombre: persona non grata.
• ¿Oyen ese ronroneo? Es el coro de las consonantes después del exterminio de las vocales.
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• No construyamos hospicios para la miseria intelectual.
• ¿Cómo reconocen la libertad quienes nunca la han tenido? Podrían sospechar que se trata de una nueva máscara del tirano.
• Actos que nunca tuvieron lugar con frecuencia desatan catastróficas ausencias de consecuencias.
• ¡Hay que vulgarizar el elitismo!
• ¿La explotación del hombre por el hombre? Pues bien, es humana.
• La fuerza del arte: puede haber héroes cobardes.
• Los que sobreviven a las tragedias no suelen ser los héroes.
• A veces los laureles echan raíces en la cabeza.
• El heno que ciertos poetas tienen en la cabeza según toda la evidencia es muy apreciado por Pegaso.
• Cuando las fábulas políticas hablan de animales, es sin duda porque se viven tiempos inhumanos.
• Apartémonos del camino de la justicia. Es ciega.
• Cuando la humanidad tiene suerte, los crímenes se subliman en el arte.
• “¡Señores, hagan su juego!”, y la bola terrestre se pone a rodar.
• ¿Cuántos ruiseñores tiene que tragarse un ave de presa para que comience a cantar?
• Prohibido hacer reír a los tiranos sin dientes.
• Hasta los Mesías esperan con impaciencia su propia venida.
• Insomnio: enfermedad de los tiempos en los que se ordena a los hombres cerrar los ojos ante muchas cosas.
• No sucumbas jamás a la desesperanza. Nunca cumple sus promesas.
• Allá donde la risa está prohibida, con frecuencia uno tampoco tiene derecho de llorar.
• El verdugo lleva generalmente una máscara: la de la justicia.
• Problema de derecho: ¿hasta cuántos cadáveres tiene uno derecho de equivocarse?
• El hombre puede dejar tras de sí un vacío minúsculo, por ejemplo, calibre
• Un espinazo quebrado da lugar a una joroba psíquica.
• Algunos sufren de hipertrofia de las glándulas políticas.
• Sólo la eterna insaciabilidad de los poetas puede saciar a la literatura.
• Sé sentimental; eso te permitirá recordar incluso las viejas tragedias con ternura.









