Habíase una vez una princesa que pensaba que su mayor tesoro era enseñar sus emociones a los que creía merecedores de ellas, dejar aflorar lo que sentía y compartirlo, nada le importaba más que prescindir de caretas delante de los que ella quería con todo su corazón. Pero no todos compartían su manera de pensar. Los Sabios del Reino intentaban que cambiara esa infantil manera de ser, unos porque la amaban a su manera y veían que no se podía vivir con tanta candidez, otros porque eran frios y calculadores y aunque también la querían sabían que ese comportamiento era demasiado fragil ycon esa fragilidad se podía quebrar en cualquier momento y por ello le intentaban enseñar que las emociones no eran buenas, solo en su justa medida (y solo los Sabios sabían cual era esa)y la medida contra más restrictiva mejor. La princesa intentaba aprender todo lo que los Sabios le enseñaban, quiso ser tan buena alumna que poco a poco fue consiguiendo (sin dejar de sentirlas) dominarlas, había sufrido tanto que no quería que la castigaran por que no aprendía. Lo fue consiguiendo, pero a medida que aprendía se sentía más sola, mas alejada. Los Sabios decían que estaban orgullosos de ella, ella sonreía, pero aún sintiendo emociones ya no las podía compartir, solo eran para ella. Para los ojos de quien la enseñaban fue un gran mérito y se sintieron satisfechos de su trabajo, el Rey los felicitó (¿disfrutarían ellos de sus emociones con alguien?) pero la princesa terminó por languidecer, aparentemente estaba viva por fuera pero habia muerto en su interior...